La comparecencia de Miguel Díaz-Canel, designado sucesor por Raúl Castro, generaba una expectación inusitada. Los rumores sobre negociaciones secretas entre La Habana y Washington, impulsadas por la administración Trump, alimentaban la especulación sobre un posible cambio de rumbo en la isla. La analogía con Venezuela, donde se vislumbra una transición tutelada, flotaba en el aire.
El Retorno al ‘Plan de Contingencia’
Díaz-Canel, sin embargo, disipó cualquier esperanza de un giro inminente. Ante una prensa controlada, reafirmó la disposición al diálogo, pero rechazó «presiones», «precondicionamientos» y cualquier injerencia que «lacere nuestra soberanía». En esencia, el mensaje transmitido a la población fue claro: se activa un «plan de contingencia» para la «defensa» del sistema imperante, un modelo que, a pesar de sus evidentes deficiencias, se niega a ceder ante las presiones externas.
Déjà Vu del Periodo Especial
La retórica empleada por Díaz-Canel remite a la oscura época del Periodo Especial, la crisis económica que asoló Cuba tras el colapso de la Unión Soviética. La pérdida de los subsidios soviéticos sumió a la isla en una profunda escasez, marcada por la hambruna, la falta de recursos básicos y el deterioro generalizado de las condiciones de vida. Ahora, la estrategia de «asfixia» impulsada por Washington, que busca cortar el suministro de combustible a la isla, amenaza con repetir aquel escenario. La población cubana, una vez más, se enfrenta a la indefensión bajo un régimen que, según sus detractores, ejerce la crueldad desde sus inicios.
La ‘Resistencia Creativa’: Un Llamado a la Supervivencia
Con la desfachatez que caracteriza a los regímenes autoritarios, Díaz-Canel llama a la «resistencia creativa». Se insta a la población a ingeniárselas para sobrevivir al hambre, los apagones y las enfermedades que acechan. Un llamado a la autogestión ante la ineficacia de un sistema que se muestra incapaz de garantizar las necesidades básicas de sus ciudadanos. Mientras, la élite gobernante, carente de la imaginación que impulsa el progreso en las sociedades libres, se aferra a un modelo agotado.
Entre la Opresión Interna y la Asfixia Externa
La encrucijada actual sitúa a Cuba entre la opresión interna y la asfixia externa. La dureza del régimen y la presión implacable de Estados Unidos configuran un escenario de extrema complejidad. En medio de esta crisis humanitaria, la Iglesia Católica y otros actores políticos trabajan discretamente para mantener abiertos canales de comunicación y evitar un desenlace catastrófico. La realidad es que la crisis humanitaria en Cuba no es una entelequia, sino una amenaza real y palpable. La población, atrapada en esta pesadilla, deberá recurrir a una creatividad sin límites para sobrevivir.