El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 ha marcado un punto de inflexión en las relaciones internacionales, especialmente con aliados tradicionales como España. Desde el mismo día de su investidura, quedó claro que la administración Trump 2.0 no seguiría el guion diplomático habitual. La corresponsal de ABC, presente en el Despacho Oval, fue testigo de cómo Trump, al ser preguntado sobre el gasto en defensa de la OTAN, señaló directamente a España, calificándola de manera sorprendente como un país BRICS, un error geográfico y político que resonaría en los pasillos de poder de Washington y Madrid.
La confusión inicial dio paso a la preocupación. Altos cargos españoles buscaron explicaciones mientras la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, se veía obligada a aclarar lo obvio: España es miembro de la OTAN y de la Unión Europea, y considera a Estados Unidos un aliado natural. Sin embargo, la declaración de Trump no fue un desliz aislado, sino el preludio de una escalada de tensiones.
Meses después, en una cumbre extraordinaria de la OTAN, Trump presionó para que los miembros aumentaran su gasto en defensa al 5% del PIB. La mayoría cedió, pero España, liderada por Pedro Sánchez, se comprometió solo al 2,1%, una cifra considerada insuficiente en Washington. Este desacuerdo se convirtió en un punto de fricción personal para Trump, quien no tardó en expresar públicamente su descontento.
El 9 de octubre, durante una comparecencia junto al presidente finlandés Alexander Stubb, Trump lanzó una bomba: «Quizá habría que expulsarlos de la OTAN«, refiriéndose a España. Aunque carecía de base legal, la declaración supuso una humillación pública y convirtió a España en un ejemplo negativo ante la comunidad internacional. Días después, ante el presidente argentino Javier Milei, Trump endureció su discurso, acusando a España de ser el único país que no aceptaba el objetivo del 5% y amenazando con castigos comerciales.
La situación alcanzó su punto álgido el 17 de octubre, durante una visita del presidente ucraniano Volodímir Zelenski a la Casa Blanca. Al ser preguntado nuevamente sobre España, Trump reiteró sus amenazas, admitiendo implícitamente que no sabía cómo ejecutarlas. La corresponsal de ABC recordó que el Tratado de la OTAN no prevé expulsiones y que España está protegida por el paraguas comercial de la UE, lo que incomodó al presidente estadounidense. La fractura en la OTAN se hizo evidente, con Trump utilizando a un aliado europeo como instrumento de presión política en lugar de centrarse en desafíos globales como la guerra en Ucrania.
La reacción en España fue sorprendente. En lugar de responder a las críticas de Trump, el Gobierno español, a través de figuras como la ministra de Defensa, Margarita Robles, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, atacó a la prensa por formular preguntas «con respuesta implícita». Se acusó al corresponsal de ABC de actuar contra España y se amplificaron ataques personales desde cuentas institucionales, llegando incluso a cuestionar su condición de periodista. El mensaje era claro: el problema no era el poder, sino la pregunta.
Mientras tanto, en Washington, fuentes de la Casa Blanca confirmaban que se estudiaban sanciones selectivas al margen de la UE, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, desautorizó públicamente al Gobierno español al afirmar que España no puede cumplir sus capacidades militares con menos del 3,5% del PIB. En pocos meses, España pasó de aliado fiable a excepción incómoda, y el periodismo, de fiscalizar al poder a ser atacado por hacerlo.
Este episodio revela la naturaleza disruptiva de la presidencia de Donald Trump, quien no duda en desafiar las normas diplomáticas y tensar las relaciones con aliados tradicionales en busca de sus objetivos políticos. Su estilo confrontacional y su tendencia a personalizar los desacuerdos han generado incertidumbre y desconfianza en la comunidad internacional. La situación con España es un claro ejemplo de cómo Trump utiliza la presión y la amenaza para lograr sus fines, incluso a costa de la unidad y la cohesión de la OTAN.
El libro ‘Objetivo Venganza’ de David Alandete, corresponsal de ABC en Washington, ofrece una visión privilegiada de este período turbulento, revelando las intrigas, los secretos y el poder que marcaron el retorno de Trump a la Casa Blanca. Alandete, reconocido con el Premio al Mejor Corresponsal Español del Club Internacional de Prensa en 2025, destapa los entresijos de una administración que ha sido objeto de controversia y desinformación. Su obra expone la extorsión mediática y política que ha sufrido por parte de quienes prefieren periodistas dóciles y ciudadanos desinformados. La experiencia de Alandete como corresponsal en Oriente Próximo y Estados Unidos le permite ofrecer un análisis profundo y riguroso de la política exterior de Trump y sus consecuencias para el mundo.
La presidencia de Donald Trump se caracteriza por una ambigüedad desconcertante. Ataca a la prensa como concepto, pero utiliza a los periodistas como instrumento. Su política exterior es expansiva y pendenciera, pero ha logrado mayor inversión militar aliada y menos complacencia con dictaduras. A tres años del final de su mandato, la pregunta sigue abierta: ¿quién es realmente Donald Trump? Su liderazgo incomoda, desordena y rompe reglas, pero al hacerlo expone verdades que muchos preferirían no mirar.
© Axioma Cuba | Equipo de Redacción