Renata Cambra, activista y profesora, vive con temor desde que la Policía Judicial desmanteló el grupo neonazi 1143, liderado por Mário Machado, actualmente encarcelado por incitación al odio. Cambra, blanco de amenazas tras su participación en las elecciones legislativas de 2022 por el Movimiento Alternativa Socialista (MAS), simboliza la vulnerabilidad de quienes alzan la voz contra el extremismo.
Orígenes y Expansión del Odio.
El caso de Cambra no es aislado. En 2022, comentarios misóginos y violentos dirigidos hacia ella en redes sociales, promovidos por Machado y sus seguidores, resultaron en una condena judicial, aunque no detuvieron la escalada de actividades del grupo 1143. Machado, con un extenso historial delictivo, continuó dinamizando el grupo desde prisión, organizando protestas anti-islámicas y actos de provocación.
Cátia Moreira de Carvalho, investigadora de extremismos, advierte sobre la creciente presencia en línea de estos grupos y la normalización de discursos antiinmigrantes. Aunque no cuentan con un apoyo masivo, su alcance en plataformas como Instagram, Telegram y X, con miles de seguidores, es innegable. La operación policial «Irmandade» reveló que el grupo neonazi se preparaba para adquirir armas y convertirse en una milicia.
De la Retórica a la Acción Armada.
Según Luís Neves, director de la Policía Judicial, la intervención preventiva buscaba evitar consecuencias trágicas. Machado lideraba el grupo desde la cárcel, con una estructura de 20 núcleos territoriales, incluso en Francia y Suiza. Sus objetivos inmediatos incluían la provocación a la comunidad musulmana. Sin embargo, Renata Cambra advierte que sus ataques se extienden más allá de una «guerra racial», abarcando a mujeres, la comunidad LGTBI y cualquier persona que no comparta su ideología.
La conexión entre el grupo y el partido Chega es alarmante. Entre los detenidos se encontraban un militar, un policía y afiliados al partido de ultraderecha, cuya creación ha revitalizado a los grupúsculos neonazis. Los delitos de odio se han disparado desde la aparición de Chega en 2019, pasando de 63 a 347 en 2024. En 2025, se desmanteló el Movimiento Armilar Lusitano, otra milicia que planeaba un ataque contra una institución.
El Peso de la Historia y la Constitución.
El nombre del grupo, 1143, remite al año en que Alfonso VII de León reconoció la independencia del condado Portucalense, un símbolo patriótico para los supremacistas y ultranacionalistas. João Amaral Santos, periodista que ha investigado al grupo, señala que Mário Machado se radicalizó desde joven, integrándose en la facción de extrema derecha de la Juventude Leonina del Sporting de Lisboa. Su participación indirecta en la muerte de Alcindo Monteiro, víctima de un crimen racista en 1995, marcó su trayectoria.
El auge de Chega en 2019, con su discurso antiinmigración, abrió un nuevo espacio para el movimiento de Machado, normalizando discursos violentos. La participación de Machado en programas de televisión para debatir sobre la necesidad de un nuevo Salazar ilustra esta normalización. En octubre de 2023, Machado reactivó el grupo 1143, que simulaba actos solidarios mientras almacenaba armas, propaganda supremacista y material relacionado con el salazarismo y el nazismo.
La abogada de Machado, Mayza Consentino, defendió el carácter inofensivo del grupo, argumentando que se amparaba en la Constitución portuguesa. El artículo 46 de la Constitución regula la libertad de asociación, pero excluye a las organizaciones que promuevan la violencia, tengan una naturaleza paramilitar o adopten la ideología fascista.
Dilemas Constitucionales y Sesgos Persistentes.
Teresa Violante, ex letrada del Tribunal Constitucional, explica que estos grupos suelen evitar incluir fines violentos en sus estatutos, lo que dificulta la intervención judicial. Sin embargo, la práctica y las actuaciones del grupo pueden justificar la defensa de la democracia y el orden público. La prohibición de un grupo plantea dilemas constitucionales sensibles, ya que la libertad solo puede limitarse de forma excepcional, a menos que se les clasifique como grupo terrorista.
Cátia Moreira de Carvalho señala que los grupos de extrema derecha se benefician de una cierta renuencia a ser declarados organizaciones terroristas, debido a raíces comunes en términos de raza, valores culturales y religiosos. Este sesgo, documentado en la literatura científica, dificulta la lucha contra el extremismo y pone en riesgo la estabilidad democrática de Portugal.