En un giro dramático que podría reconfigurar el panorama político y humanitario en Gaza, Israel ha confirmado la recuperación de los restos del sargento mayor de policía Ran Gvili, el último rehén que permanecía en manos de Hamás desde los ataques del 7 de octubre de 2026. Este anuncio, realizado tras una intensa operación de búsqueda que incluyó la exhumación de cientos de cuerpos en un cementerio al este de la Franja, ha sido calificado por el primer ministro Benjamín Netanyahu como «un logro increíble» y el cumplimiento de su promesa de «traer a todos a casa».
El hallazgo se produce en un momento crítico, con crecientes presiones internas y externas sobre Netanyahu para avanzar hacia la segunda fase del alto el fuego y reabrir el crucial cruce de Rafah. La familia de Gvili había condicionado su apoyo a la siguiente etapa del acuerdo a la recuperación de los restos del oficial, una exigencia que ahora se ha cumplido. Según informes, Hamás proporcionó a los mediadores –Qatar, Turquía y Egipto– información clave sobre la posible ubicación del cuerpo, lo que sugiere un posible cambio en la dinámica de las negociaciones.
La reapertura del cruce de Rafah, el único punto de acceso entre Egipto y Gaza, se ha convertido en un punto central de controversia. El gobierno de tecnócratas palestinos, que opera bajo la Junta de Paz de Trump, anunció el jueves un plan para su reapertura, una iniciativa respaldada por Jared Kushner, yerno de Trump, y Steve Witkoff, mediador del presidente, quienes viajaron a Tel Aviv el domingo para presionar a Netanyahu. Tras una reunión del gabinete de Seguridad, Israel informó de una «apertura limitada» del paso a peatones, bajo «supervisión de seguridad israelí». Sin embargo, persiste la incertidumbre sobre si se permitirá el acceso de ayuda humanitaria, vital para los dos millones de habitantes de Gaza, especialmente considerando que el cruce ha permanecido cerrado desde que las fuerzas israelíes tomaron el control, utilizándolo como un arma de presión.
La situación se complica aún más por las divisiones internas dentro del gobierno israelí. Ministros ultranacionalistas como Itamar Ben Gvir han criticado la decisión de reabrir el cruce, argumentando que, a pesar de los avances militares contra Hamás, la organización no ha sido completamente eliminada. Netanyahu se encuentra, por lo tanto, atrapado entre la presión de sus socios de coalición más radicales y las demandas de la administración Trump, que busca consolidar su influencia en la región a través de la Junta de Paz y la reapertura de Rafah.
El contexto histórico de este conflicto es fundamental para comprender la magnitud de la situación. Desde la toma de control de Gaza por parte de Hamás en 2007, la Franja ha estado sometida a un bloqueo israelí y egipcio, limitando severamente el movimiento de personas y bienes. Los repetidos conflictos armados entre Israel y Hamás han devastado la infraestructura de Gaza y han sumido a su población en una crisis humanitaria crónica. La recuperación del cuerpo de Gvili y la posible reapertura de Rafah representan, por lo tanto, una oportunidad para aliviar el sufrimiento de los gazatíes y avanzar hacia una solución política duradera.
Sin embargo, la desconfianza mutua y las profundas divisiones ideológicas entre las partes involucradas siguen siendo obstáculos importantes. La administración Trump, a través de la Junta de Paz, busca imponer una solución que favorezca los intereses de Israel, mientras que Hamás se resiste a ceder el control de Gaza. La comunidad internacional, por su parte, observa con preocupación la escalada de tensiones y la falta de avances significativos hacia la paz.
En conclusión, la recuperación del cuerpo del último rehén en Gaza podría ser un punto de inflexión en el conflicto, abriendo la puerta a la segunda fase del alto el fuego y la reapertura del cruce de Rafah. Sin embargo, la implementación de estas medidas dependerá de la capacidad de las partes involucradas para superar sus diferencias y priorizar el bienestar de la población civil. La presión interna sobre Netanyahu, combinada con la influencia de la administración Trump, determinará si este momento de oportunidad se traduce en un cambio real en la vida de los gazatíes o si se convierte en otra promesa incumplida.
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