En un contexto global marcado por la creciente incertidumbre económica y las tensiones comerciales, China ha reafirmado que su acuerdo comercial preliminar con Canadá no representa una amenaza para terceros países, en respuesta a las advertencias de Estados Unidos sobre posibles aranceles punitivos. Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, declaró este lunes que la relación estratégica entre China y Canadá se basa en principios de beneficio mutuo y cooperación, desestimando las preocupaciones de que el acuerdo pueda perjudicar a otras naciones.
Las declaraciones de China se producen en un momento crítico, con la administración del presidente estadounidense Donald Trump intensificando su postura proteccionista y amenazando con imponer aranceles del 100% a los productos canadienses si el acuerdo comercial con China sigue adelante. Washington argumenta que el acuerdo permitiría a China inundar el mercado estadounidense con productos a bajo costo, una acusación que Pekín rechaza categóricamente. La situación actual recuerda a las tensiones comerciales de 2018, cuando EE.UU. impuso aranceles al acero y aluminio importados de Canadá, desencadenando una serie de represalias y una profunda incertidumbre en la región.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha buscado activamente diversificar los socios comerciales de Canadá, especialmente en Asia y Europa, en respuesta a la política comercial de Trump. En enero de 2026, Carney firmó en Pekín un acuerdo comercial preliminar con China, describiéndolo como un paso histórico para eliminar barreras comerciales y reducir aranceles. Este acuerdo, que se ha estado negociando desde finales de 2025, busca fortalecer los lazos económicos entre los dos países en un momento en que las relaciones con Estados Unidos se han vuelto cada vez más tensas.
Los detalles del acuerdo preliminar revelan que Canadá permitiría la importación de hasta 49,000 vehículos eléctricos fabricados en China con aranceles preferenciales del 6.1%. Además, se espera que China reduzca los aranceles a las importaciones canadienses de canola y facilite la exención de visado para los ciudadanos canadienses que viajen a China. Estos puntos clave del acuerdo reflejan el interés mutuo en expandir el comercio y la inversión entre los dos países, a pesar de las presiones externas.
La reacción de Estados Unidos no se hizo esperar. El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, advirtió que Washington no permitirá que Canadá se convierta en una puerta de entrada para los productos chinos baratos. Esta declaración subraya la preocupación de la administración Trump de que China esté utilizando a Canadá como un conducto para eludir los aranceles estadounidenses y socavar la industria nacional. Las tensiones comerciales entre Canadá y Estados Unidos se han intensificado desde que la administración Trump impuso aranceles a las importaciones canadienses, lo que ha llevado a una serie de disputas y represalias comerciales.
El presidente Trump también recurrió a las redes sociales para expresar su descontento, afirmando que las negociaciones entre Ottawa y Pekín equivalen a que China esté tomando el control de Canadá. Estas declaraciones reflejan una visión cada vez más proteccionista y nacionalista en Washington, que considera cualquier acuerdo comercial que beneficie a China como una amenaza para la seguridad económica de Estados Unidos. La situación actual plantea interrogantes sobre el futuro del comercio internacional y la capacidad de los países para forjar acuerdos bilaterales en un entorno geopolítico cada vez más complejo.
En el contexto de estas tensiones, es crucial recordar que el orden mundial establecido después de la Segunda Guerra Mundial, basado en instituciones multilaterales y acuerdos comerciales, está siendo desafiado por el unilateralismo y el proteccionismo. Como argumentó Pedro Rodríguez en un reciente artículo de opinión, los daños causados por Trump al orden mundial podrían ser irreversibles. La búsqueda de nuevos mercados por parte de Canadá y la respuesta de China reflejan una adaptación a este nuevo panorama, donde la cooperación y la diversificación se han vuelto esenciales para la supervivencia económica.
En conclusión, el acuerdo comercial entre China y Canadá se ha convertido en un punto de fricción en las relaciones internacionales, con Estados Unidos expresando su preocupación por el impacto potencial en su economía. A medida que las tensiones geopolíticas continúan aumentando, la capacidad de los países para navegar por este complejo panorama será fundamental para mantener la estabilidad económica y evitar una escalada de conflictos comerciales.
© Axioma Cuba | Equipo de Redacción